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conservación de aves rapaces. águila imperial

El águila imperial remonta el vuelo: otro caso de éxito en la conservación de rapaces

Juanele Villanueva

19/01/2026

Como en el ejemplo del lince, ese pequeño felino con cara traviesa y pelaje achuchable, la conservación del águila imperial es un caso de éxito. De la casi extinción en España con menos de 70 parejas en todo el país, se ha pasado a más del millar. Las aves rapaces, en los cielos de la cadena trófica, son fundamentales en la salud de los ecositemas y aunque están sometidos a la presión antropogénica es un buen ejemplo de colaboración público-privada.
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El águila imperial ibérica es hoy el emblema de la conservación de aves rapaces en Europa. Según los datos presentados en Jerez por investigadores del CSIC y responsables de la Junta de Andalucía, la especie crece en torno a un 5% anual, hasta superar las 1.100 parejas en España, de las que 170 se concentran en Andalucía. “Es el ave de gran tamaño con la distribución más restringida de Europa”, recordaron los expertos, y también una de las que mejor ha respondido a la intervención humana. El éxito se apoya en convenios de conservación con propietarios que ya protegen más de 100.000 hectáreas.

El panorama del resto de grandes rapaces muestra avances desiguales. El águila real crece en torno a un 2,5% anual, mientras que la perdicera permanece estancada en unas 350 parejas en Andalucía, casi la mitad de todas las europeas. La pescadora, reintroducida tras extinguirse como reproductora, cuenta hoy con 20 territorios, la mitad en Marismas del Odiel y el resto en Los Alcornocales. “Hay especies que avanzan y otras que siguen en equilibrio precario”, advirtieron los ponentes..

conservación de aves rapaces. Dos águilas imoperiales en un risco con una presa
Dos águilas sobre un peñasco con su presa

El encuentro Lecciones para la conservación de grandes rapaces: el caso del águila imperial ibérica como modelo, celebrado en Jerez de la Frontera los días 14 y 15 de enero. Organizado por la Fundación Migres con el apoyo de las energéticas Statkraft y Texla Renovables, reunió a expertos internacionales.

Además recordó que la mitad de las muertes no naturales del águila imperial se deben a electrocuciones y otro 12% a persecución directa, como disparos. Desde el Ayuntamiento de Jerez, la delegada de protección animal, Carmen Pina destacó el papel del Centro de Conservación de la Biodiversidad del Zoobotánico, que colabora con la Junta en proyectos de cría y reintroducción. “Jerez no solo es patrimonio cultural, también es territorio de conservación”, afirmó.

La amenaza humana

El foro unió ciencia, gestión pública y sector privado, demostrando que la conservación de aves rapaces y de la naturaleza necesita alianzas transversales. Miguel Ferrer, presidente de la Fundación Migres, lanzó una de las propuestas más concretas del encuentro: crear una base de datos común sobre las amenazas que sufren estas especies. “Sin información homogénea no hay gestión eficaz”, defendió.

conservación de aves rapaces. Se ha celebrado en jerez unas jornadas para debatir de conservación de aves rapaces
Panel de la jornada 'Lecciones para la conservación de grandes rapaces: el caso del águila imperial ibérica como modelo'

La mayor amenaza sigue siendo la humana. En Andalucía existen cerca de 50.000 kilómetros de tendidos eléctricos, responsables de miles de muertes de aves cada año, con estimaciones que oscilan entre 9.000 y 100.000 ejemplares según los expertos de la Junta .

Desde el año 2000 se han corregido unos 13.000 apoyos, pero uno de cada cinco ejemplares electrocutados muere en postes ya adaptados. A ello se suman los disparos, el uso de cebos envenenados y la intoxicación por plomo procedente de munición de caza, documentada en estudios científicos europeos. “Muchas muertes son evitables”, insistieron los ponentes, “y ahí se juega el futuro de estas especies”.

Las aves rapaces, como depredadores tope regulan poblaciones, eliminan individuos enfermos y mantienen la estabilidad de las cadenas tróficas. Su presencia es un indicador de salud ambiental y un termómetro de la calidad del territorio.

Protegerlas es proteger el equilibrio del ecosistema, y por extensión, la biodiversidad y la resiliencia frente al cambio climático. La conservación de aves rapaces demuestra que cuando ciencia, administración y sociedad caminan juntas, incluso las especies al borde del abismo pueden volver a volar.