En la Universidad de Texas se llevó a cabo un experimento muy interesante: pasar 14 días sin internet en el móvil. Los participantes mantenían llamadas y SMS, pero no internet.
Tras dos semanas, muchos jóvenes mostraron menos ansiedad y síntomas depresivos, mayor bienestar y una mejora clara de la atención. Según los autores, los efectos fueron equiparables a “rejuvenecer cognitivamente casi una década”. Concluyeron que el problema no es internet, sino la conexión permanente.
En el Reino Unido, por ejemplo, se están implementando proyectos piloto que establecerán límites diarios a los usos de redes sociales entre adolescentes para evaluar sus efectos sobre ansiedad, sueño y relaciones sociales. En Francia, la Asamblea Nacional ha aprobado un proyecto de ley que prohibiría el acceso a las redes sociales a menores de 15 años, para septiembre de 2026.