Esa fragilidad se hace evidente con la escalada energética. “Hay una traslación inmediata del incremento de los costes” desde el petróleo hasta el precio final de los alimentos . El transporte, los fertilizantes o la maquinaria agrícola dependen del gas y del diésel, que lleva la inflación. La guerra de Irán sube el precio de la comida porque encarece la cadena desde el campo hasta el supermercado.
El informe ecosocial aborda esta realidad desde seis grandes ejes. Analiza la relación entre alimentación y calidad de vida, concluyendo que el modelo actual garantiza acceso, pero no equidad ni sostenibilidad.
El segundo bloque examina los hábitos de consumo. España mantiene una dieta relativamente equilibrada, con aumento del consumo de fruta y estabilidad en verduras, pero las legumbres caen y los ultraprocesados ganan terreno. El precio y el valor nutricional dominan las decisiones de compra, mientras que el origen o el impacto ambiental quedan en segundo plano.