Juanele Villanueva
02/02/2026
Las lluvias registradas en los dos últimos años han devuelto una imagen engañosa a muchos humedales. Láminas de agua recuperadas y suelos encharcados han alimentado la sensación de alivio tras una década marcada por la sequía. Sin embargo, el diagnóstico de las organizaciones ecologistas es mucho más severo y apunta a un problema de fondo que el agua caída del cielo no consigue resolver.
Un informe reciente de Greenpeace advierte de que España mantiene un retroceso estructural de sus humedales, incluso en un contexto de precipitaciones por encima de la media en amplias zonas del país. La organización subraya que el aumento puntual de las lluvias no compensa décadas de sobreexplotación de acuíferos, urbanización descontrolada y agricultura intensiva, factores que han degradado de forma persistente estos ecosistemas.
Los datos oficiales refuerzan esta advertencia. Según el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, más del 75% de los humedales españoles han desaparecido en el último siglo, una pérdida ligada a cambios de uso del suelo y a una gestión del agua centrada en la demanda y no en la sostenibilidad. Aunque episodios lluviosos como los de primavera de 2025 y principios de 2026 han permitido recuperaciones temporales, el estado ecológico de muchos enclaves sigue siendo frágil y reversible.
En palabras de Julio Barea, responsable de Aguas de Greenpeace: «El problema ya no es solo la falta de lluvia, sino un modelo de gestión que prioriza el saqueo de los acuíferos para la agroindustria y permite el vertido masivo de contaminantes, convirtiendo ecosistemas vitales en alcantarillas del regadío intensivo».
Este contexto explica la relevancia del Día de los Humedales, que se celebra cada 2 de febrero y que recuerda la firma del Convenio de Ramsar en 1971. La conmemoración, promovida por el Ministerio, busca visibilizar el valor ambiental y social de estos espacios y alertar de su deterioro.
Se celebra el Día de los Humedales con unos ecosistemas al borde del colapso. «La Unión Europea ha marcado el camino con la Ley de Restauración de la Naturaleza, pero en España seguimos viendo cómo las administraciones celebran el aumento de las reservas hídricas gracias a las lluvias, mientras permiten que se siga robando el agua de nuestro subsuelo«, subraya Barea.
Nodos de la biodiversidad
La importancia de los humedales va mucho más allá de su apariencia paisajística. Son auténticos nodos de biodiversidad, esenciales para el equilibrio ecológico y la supervivencia de miles de especies. Así lo subraya un artículo académico publicado en la revista Sciencevolution, que analiza el papel de estos ecosistemas como refugio, área de reproducción y corredor biológico.
El estudio destaca que los humedales concentran una diversidad biológica muy superior a la de otros ecosistemas terrestres, a pesar de ocupar una superficie reducida. Aves acuáticas, anfibios, peces e invertebrados dependen directamente de estos entornos, muchos de ellos en peligro de extinción. La desaparición de un humedal no implica solo la pérdida de agua, sino el colapso de una compleja red de interacciones ecológicas.
Además de su valor para la fauna y la flora, los humedales desempeñan funciones clave para las personas. Actúan como filtros naturales, mejorando la calidad del agua, reducen el impacto de inundaciones al absorber lluvias y almacenan grandes cantidades de carbono, contribuyendo a mitigar el cambio climático. Estos servicios ecosistémicos, recuerda la investigación, rara vez se incorporan a las decisiones económicas y territoriales.
La pérdida de biodiversidad asociada a la degradación de humedales tiene también una dimensión económica y social. Muchas comunidades rurales han construido su identidad en torno a estos espacios, que sostienen actividades tradicionales como la pesca artesanal o la ganadería extensiva. Protegerlos no es solo una cuestión ambiental, sino también de cohesión territorial y justicia intergeneracional.
Tancat de la Pipa, caso de éxito
Frente a este panorama, existen casos de éxito que demuestran que la recuperación es posible cuando hay voluntad política, respaldo científico y participación social. La web del Día de los Humedales, impulsada por SEO/BirdLife, recopila numerosas experiencias de restauración en distintos puntos de España.
Algunos proyectos han logrado revertir procesos de degradación mediante la recuperación de caudales naturales, la clausura de pozos ilegales y la renaturalización de zonas drenadas. Uno de los ejemplos es el Tancat de la Pipa en la orilla norte de la Albufera. Como explica Anna Valentín, delegada de SEO en Valencia, el proyecto nació con un triple objetivo «recuperar hábitats desaparecidos, mejorar la calidad del agua y proveer un espacio verde de uso público a la ciudadanía«.
Lo que se hizo fue transformar 40 hectáreas de arrozales en hábitats de agua dulce. «Se generaron una serie de parcelas que funcionaban como humedales artificiales, como filtros verdes, para mejorar la calidad del agua de la Albufera», explica Valentín. Recogen el agua de dos acequias y la pasan por estos espacios donde crecen plantas que retienen nutrientes y eliminan contaminación. Este aporte de agua ha promovido el regreso de aves vinculadas al agua como focha común, focha moruna o cerceta pardilla.
Las lluvias pueden ofrecer un respiro, pero no sustituyen a políticas de protección y la colaboración del público. En el Día de los Humedales vale la pena recordar que conservar y restaurar estos ecosistemas es esencial para la biodiversidad, la resiliencia climática y el futuro común.

