Para Noriega, un bosque bien gestionado requiere planificación, técnicos sobre el terreno, accesos cuidados y actividad humana continua, no “montes peinados”, sino montes útiles, vivos y con aprovechamientos de madera, corcho, pastoreo, apicultura, frutos, etc. Asegura que la prevención de incendios no se soluciona solo con más bomberos, sino con gestión forestal, empleo rural y presencia profesional permanente.
Recuerda que el bosque tiene un bajo valor económico porque no se recuerda que la mayoría de las materias primas que se usan vienen de ahí. Por eso, la decana, llama a establecer planes nacionales con vistas al futuro: «Pensar qué se va a necesitar en el futuro y como se pueden aprovechar los recursos forestales«.
El bosque y los árboles proporcionan celulosa para el papel y los tejidos, entorno para la apicultura y la agricultura silvestre. También muchos servicios ecosistémicos secundarios como la fijación del suelo y la purificación del agua que no se llegan a contabilizar