Tras el estallido del caso, decenas de investigadores retiraron sus afiliaciones saudíes. En solo un año, las universidades del país perdieron más del 70 % de sus investigadores más citados. El prestigio comprado se evaporó al instante. A la vez, varias instituciones europeas iniciaron expedientes disciplinarios para revisar la conducta de sus propios científicos implicados en la operación.
La caída de STE simboliza la punta del iceberg. No es solo una revista cuestionada. Es el síntoma de un sistema de publicación que se ha vuelto vulnerable al abuso. Cuando publicar rápido y en masa se convierte en la prioridad, la ciencia deja de ser un proceso de verificación y pasa a ser un negocio. Y ese negocio afecta directamente a áreas críticas para la sociedad.