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La caída de una revista académica referente mundial revela un fraude general en ciencia

Juanele Villanueva

09/12/2025

La caída de Science of the Total Environment (STE), una de las grandes revistas de Elsevier, ha destapado un fraude en ciencia que se venía gestando desde hace años. El detonante ha sido el papel del químico español Damià Barceló, editor durante la etapa en la que la revista multiplicó su producción hasta niveles inéditos. STE llegó a publicar 10.000 artículos al año y se convirtió en una fábrica de estudios sin control
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Bajo la dirección de Damiá Barceló, la revista Science of the Total Environent, de la editorial Elsevier, adoptó un modelo basado en el pago por publicar. Los autores debían abonar más de 4.000 dólares por artículo. Cuantos más artículos entraban, más dinero generaba la revista. Ese sistema creó incentivos con revisiones exprés, coautorías infladas y una pérdida progresiva de rigor. Para muchos científicos, STE dejó de ser una revista exigente y pasó a ser un coladero editorial por el que pasa el fraude en ciencia.Una evaluadora científica la ha sacado del ranking de publicaciones de autoridad. 

 

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El fraude en publicaciones científicas pone en entredicho el trabajo de cientos de investigadores

Barceló ya estaba en el centro de otra polémica por la trama saudí. En 2023, El País reveló que varias universidades de Arabia Saudí estaban pagando a científicos muy citados para que se afiliaran falsamente a sus centros. Era una operación diseñada para manipular rankings internacionales y comprar prestigio académico. El objetivo era sencillo: inflar la reputación de instituciones que no tenían la capacidad real de producir ese volumen de investigación.

En paralelo, Nature llevaba años alertando sobre la explosión de investigadores «hiperproductivos». Son autores capaces de firmar decenas o incluso cientos de artículos al año. Nadie puede revisar, investigar y redactar un estudio cada pocos días sin atajos éticos o trucos de autoría. Ese fenómeno ya había puesto en duda la integridad de muchas publicaciones, especialmente las que aceptan grandes volúmenes de artículos.

 

La trama saudí

Las piezas encajaron cuando se vio que muchos de esos autores hiperproductivos estaban vinculados a revistas como STE y a instituciones saudíes. Algunos combinaban decenas de coautorías con afiliaciones pagadas. La frontera entre la colaboración científica legítima y la autopromoción fraudulenta se rompió por completo. El sistema que debía reconocer el mérito científico se transformó en un mercado.

 

Fraude en ciencia. Elsevier es la editorial de una revistga que ha sido sacada de los rankings de autoridad
La editorial Elsevier ha estado en el centro de la polémica

Tras el estallido del caso, decenas de investigadores retiraron sus afiliaciones saudíes. En solo un año, las universidades del país perdieron más del 70 % de sus investigadores más citados. El prestigio comprado se evaporó al instante. A la vez, varias instituciones europeas iniciaron expedientes disciplinarios para revisar la conducta de sus propios científicos implicados en la operación.

La caída de STE simboliza la punta del iceberg. No es solo una revista cuestionada. Es el síntoma de un sistema de publicación que se ha vuelto vulnerable al abuso. Cuando publicar rápido y en masa se convierte en la prioridad, la ciencia deja de ser un proceso de verificación y pasa a ser un negocio. Y ese negocio afecta directamente a áreas críticas para la sociedad.

 

Consecuencias para la ciencia

Las consecuencias van mucho más allá del ámbito académico. En temas como el cambio climático, la contaminación ambiental o las epidemias, una mala investigación puede generar titulares engañosos y decisiones políticas erróneas. Un estudio débil sobre emisiones o sobre un medicamento puede condicionar regulaciones, inversiones y estrategias sanitarias. Durante la pandemia de coronavirus, la fiabilidad de los datos fue una cuestión de vida o muerte.

Un estudio débil sobre emisiones o sobre un medicamento puede condicionar regulaciones, inversiones y estrategias sanitarias

Por eso el debate abierto ahora es urgente. La comunidad científica se pregunta cómo arreglar un sistema que valora más la cantidad de artículos que su contenido real. Muchas voces reclaman auditorías independientes, más transparencia y un control más estricto de las autorías. La ciencia necesita volver a un modelo donde el mérito provenga del rigor, no del volumen ni de la capacidad de pagar por publicar.

El fraude en ciencia destapado por el caso de STE y por la trama saudí obliga a repensar todo el modelo editorial. No es un simple desvío puntual, sino una señal de que el sistema hace aguas. El prestigio científico ya no puede basarse en métricas infladas, sino en confianza y verificación. Y esa reconstrucción será clave para recuperar la credibilidad perdida.