La historia de Luengo como mujer en el mundo rural empezó en 2018, cuando decidió comprar un rebaño de 80 cabezas que un ganadero quería llevar al matadero. Sin experiencia finalizó el traspaso tras casi un año de gestiones.
En siete años de esfuerzo intenso, ese rebaño ha crecido hasta superar los 200 animales. Todas ellas pertenecientes a la raza “Agrupación de las Mesetas”, en peligro de extinción. Para Inés, cada día implica jornadas largas sin tregua, pues “las cabras no entienden de vacaciones”.
El panorama económico es adverso, más para una mujer en el mundo rural. Aunque la leche y la carne de cabra están presentes en el mercado, Inés denuncia las dificultades que encuentra. Para ella los intermediarios imponen precios mínimos: “A veces me pagan la leche a 70 céntimos, la estoy regalando”, lamenta.
Esa presión comercial limita la viabilidad de su explotación, que depende en buena medida del volumen para cubrir costos.