El debate sobre las nucleares se lleva alargando un tiempo. Hay quienes argumentan su estabilidad y la cantidad de energía que pueden producir a precio bajo, sin embargo, otros critican el tiempo y el dinero que supone construir nuevas plantas, la concentración en manos de grandes empresas y el riesgo ecológico que eso implica.
Ha habido grandes desastres como Chernobyl o Fukushima que vuelven a la gente reticente a la hora de promover esta energía. Si bien es cierto que, precisamente por esos desastres (y otros muchos menores), la industria nuclear es la que tiene mayor control, está obligada a ofrecer garantías. De ahí el calendario de cierres.
Además, aunque la construcción y el desmantelamiento de una planta lleva aparejada una huella de carbono nada despreciable, la producción de energía no emite CO₂, solo vapor de agua que no permanece en la atmósfera. Así, después del apagón que dejó a España en la oscuridad energética, cabe preguntarse si hay que dar una prórroga al cierre de la central nuclear de Almaraz y replantearse la hoja de ruta nuclear en España.