El consumo de productos km 0 reduce las emisiones de transporte, apoya la economía local y preserva biodiversidad. Los alimentos ecológicos eliminan químicos sintéticos, protegen suelos y aguas y fortalecen sistemas agrícolas resilientes. Por eso cada vez más gente prueba dietas alternativas.
Muchas iniciativas gastronómicas regionales reivindican ingredientes autóctonos, tradiciones culinarias locales y circuitos cortos, en una respuesta directa al modelo industrial centralizado.
Ese enfoque no es solo romántico, sino estratégico. Ejemplo práctico, el decreto sobre comedores escolares en España exigirá que al menos el 45 % de frutas y hortalizas sean de temporada, y un mínimo del 5 % del gasto vaya a productos ecológicos. Con ello, se impulsa que comida para los niños en España sea saludable, justa y local.